Lecciones para la adormecida iglesia del tiempo del fin
Velda Nelson (como se lo contó Preston Smith)
“¿Dónde está mi esposa?”, escuchó el carpintero John Banta al atender el teléfono en medio de la noche. “¿Dónde está mi esposa?” repetía el joven pastor Preston Smith. “Mi esposa Dena me llamó diciendo que les estaba yendo tan bien con la recolección de fondos, que habían decidido terminar de recorrer el territorio y llegarían tarde. ¿No han llegado aún?”
“Sí, llegaron sin problemas”, replicó John, “pero la casa estaba cerrada con llave y ella no pudo entrar. Pienso que usted tendrá algún problema… porque ella al fin tuvo que ir a la casa de los vecinos”.
Temprano en la mañana el pastor Smith llamó a la puerta de sus vecinos. Fue Dena quien la abrió diciendo: “Buenos días, querido ¿vas a dejarme entrar a casa ahora?”
“¡Cuánto lo siento!”, replicó el pastor Smith. ¿Qué pasó? Tengo el desayuno listo. Ven a casa y conversaremos”.
“¿Cómo me iba a imaginar que no podría entrar a mi propia casa estando tú mismo adentro?”, comenzó a decir Dena mientras llenaba de cereal los platos de Linda y Dickie, sus hijitos de cinco y tres años. “Cuando salí después del almuerzo, los niños habían ido contigo a la iglesia; recién cuando llegué anoche a la puerta recordé que la llave de la casa estaba en el llavero del auto. Vamos a tener que solucionar eso”.
“¿Por qué no tocaste el timbre?”, preguntó su esposo.
“Claro que lo hice”, prosiguió Dena, “y llamé y probé todas las entradas para ver si alguna estaba sin llave. ¿Me crees si te digo que inclusive arrojé piedritas a la ventana de nuestro cuarto? Entonces, me fui a lo de los Brown y llamé por teléfono. Estabas dormido… así que me pasé el resto de la noche en el sillón de los vecinos. ¡Qué vergüenza! Espero poder perdonar a un marido dormilón”.
Advertencias bíblicas
Dormir profundamente es estar inconsciente y ser incapaz de percibir lo que pasa alrededor. Es por eso que Jesús hizo repetidas advertencias a su pueblo respecto del peligro de estar dormido espiritualmente antes de su regreso glorioso.
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo. . . . Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo” (Mar. 13:32, 35, 36).
Pablo también habló del regreso repentino de Cristo: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón . . . Por tanto no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tes. 5:2-4, 6).
Jesús habló de su venida sorpresiva en Mateo 25:1-13, y dijo que toda la iglesia estaría dormida cerca del momento de su regreso. Las vírgenes, las prudentes y las insensatas, “cabecearon todas y se durmieron” (vers. 5). Por eso advirtió a todos: “Velad . . . porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (vers. 13).
Al despertarse con la sirena de la ambulancia,
el pastor sólo atinó a pararse con una expresión
de asombro en el rostro, mientras
se topaba con los camilleros que llegaban a la puerta.
La aparición gloriosa de Cristo en las nubes del cielo con todos sus santos ángeles es muy importante; pero necesitamos tener en cuenta un evento significativo que precede al Advenimiento, a saber, la culminación del tiempo de gracia, cuando la puerta de la misericordia será cerrada para siempre, y cada persona ya habrá tomado la decisión final en relación con la salvación ofrecida gratuitamente por Dios a todo ser humano.
Así como Noé y su familia fueron encerrados dentro del arca por siete días, antes de que realmente llegara el Diluvio, al fin del tiempo de gracia Jesús también protegerá y pondrá bajo su cuidado a todos los que elijan amarlo y obedecerlo. Poco antes de su segunda venida en las nubes del cielo, culminará su labor como nuestro Sumo Sacerdote y emitirá un decreto final que confirmará la elección final de cada uno: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apoc. 22:11, 12).
Cristo quiere que todos sean salvos por la eternidad. Su promesa de gracia es: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27, 28).
En el libro El discurso maestro de Jesucristo (p. 101), Elena White hace esta declaración tranquilizadora: “Vivamos en contacto con el Cristo vivo, y él nos asirá firmemente con una mano que nos guardará para siempre. Creamos en el amor con que Dios nos ama, y estaremos seguros; este amor es una fortaleza inexpugnable contra todos los engaños y ataques de Satanás”.
Otra vez el pastor Smith
A veces se necesita más de una lección para aprender cuán importante es estar despierto y alerta. Para ilustrar esto, retomo una historia del pastor Smith.
Unos 20 años después del incidente descrito al comienzo, él mismo nuevamente vivió la experiencia de dormirse cuando debía permanecer despierto. Se acababa de completar el nuevo templo de Novato, California, EE.UU. Entre los últimos detalles, figuraba instalar el teléfono en la oficina pastoral. Mientras el operario realizaba la instalación el pastor se recostó en la mullida alfombra nueva para descansar un poco. (Unas semanas atrás, había estado internado en el hospital con problemas cardíacos y el doctor le había aconsejado breves descansos diarios).
Mientras tanto, la madre de dos niños que asistían a la escuela adventista contigua, había ido a buscarlos pero como aún era temprano decidió saludar al pastor en su nueva oficina. Para su consternación, lo halló acostado en el piso; suponiendo que había sufrido un ataque pidió ayuda inmediata. Al despertarse por la sirena de la ambulancia, el pastor sólo atinó a pararse con una expresión de asombro en el rostro, mientras se topaba con los camilleros que llegaban a la puerta.
Todo terminó bien. Pero sirvió como otro recordatorio, algo humorístico esta vez, de la necesidad de estar despiertos.
Prestemos atención a la advertencia de Cristo de permanecer espiritualmente despiertos aferrándonos a él todo el tiempo. “Inadvertida como ladrón a medianoche, llegará la hora decisiva que fija el destino de cada uno, cuando será retirado definitivamente el ofrecimiento de la gracia que se dirigiera a los culpables” (El gran conflicto, p. 545).
Velda Nelson es profesora de inglés ya jubilada y vive en Portland, Oregón, EE.UU.
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